Siempre he sentido una cierto rechazo inconsciente por los sobrenombres. Sin embargo, he acabado teniendo dos. Cuando era niño, un pariente tuvo la ocurrencia de atribuirme uno: Bolin . Este es un término que, en el pueblo de Asturias en el que pasaba los veranos, designa una especie de pequeño canto rodado frecuente en algunas playas. No alcanzo a imaginar qué particular asociación de ideas pudo sugerirle bautizarme con él. Aunque, bien mirado, y considerando cual ha sido la actitud general que he mantenido en mi vida, tal vez no anduvo muy desencaminado.


Saco responde a otra circunstancia totalmente diferente. Fui yo quien lo escogió. Las condiciones para ejercer ciertas profesiones -como la de miembro de la redacción de algunas publicaciones-, en los primeros años de la transición política, requerían tomar algunas precauciones. Un íntimo homenaje a un personaje mítico en el santoral anarquista, me proporcionó - con una pequeña licencia ortográfica - la solución al problema.


Dado que actualmente la participación activa en los medios informáticos solicita frecuentemente un “nick”, estos apelativos han encontrado, inesperadamente, una nueva utilidad.

Los tebeos que publico más abajo, corresponden al período en que yo era SACO.





domingo, 8 de enero de 2012

1942 / R.A.S.

Algunos proyectos... pues eso; se quedaron en proyectos. La vida se compone de cosas que se han llevado a cabo y que han podido salir bien o mal. Aquellas otras que no lo hicieron pueden considerarse como los únicos triunfos auténticos. Porque al no haberlas sometido a ella, la realidad no tuvo la oportunidad de desmentirlas.

Esa es otra forma de verlo, ¿verdad?

1942, y R.A.S. proponían una desdramatización de una realidad muy violenta que no nos daba un respiro en 1982. En realidad, la ironía sobre la guerra no dejaba de ser una forma de alejamiento preventivo ante el siempre seductor recuerdo de aquellos relatos dibujados que fascinaron mí niñez y que nos hablaban de heroes de las sangrientas epopeyas de la reciente segunda guerra mundial.

jueves, 30 de septiembre de 2010

lunes, 15 de diciembre de 2008

Leo & Co.

En 1979 yo trabajaba como ilustrador en los medios gráficos.

En " El Periódico" , edición de Madrid, Fernando Jáuregui, redactor jefe a la sazón, me pidió una idea sobre una posible tira dibujada, para ilustrar las páginas dedicadas a las elecciones municipales de Madrid.

Estas elecciones, para aquellos que erais unos niños, o no habíais nacido aún, tenían un cierta importancia histórica, ya que representaban el primer ejercicio democrático que se proponía a los españoles, después de cuarenta y tres años de régimen caudillista.

Los partidos más significativos que presentaban candidatos eran, el Partido Comunista ( Ramón Tamames ), el Partido del Centro Democrático ( José Luis Álvarez ) y el Partido Socialista ( Enrique Tierno ).

Conviene recordar que, en aquellos primeros años de la llamada Transición, las calles eran escenario frecuente de enfrentamientos entre grupos de personas no adscritos a los partidos oficiales que, sobre todo aquellos que eran afines al régimen extinguido, se caracterizaban por su violencia y una cierta impunidad. En los círculos periodísticos próximos a las ideologías llamadas "progresistas", se especulaba con una posible complicidad de los cuerpos policiales, no depurados en su obediencia al régimen anterior.

La situación se manifestó de forma especialmente grave en algunos medios de comunicación que sufrieron atentados con víctimas, y en otros, como el nuestro, en el que se hizo necesaria la presencia permanente de un retén de policía, dadas las reiteradas amenazas de las que eramos objeto, incluso personalmente.

El proyecto de una tira seriada alusiva a las elecciones, planteaba una dificultad mayor, al carecer, por definición, de guión, ya que se trataba de reflejar los acontecimientos " en caliente".

Por otra parte, dado el ambiente imperante, la referencia a unos personajes reales - mi estilo gráfico tiene carácter realista - perfectamente identificables no estaba exenta de riesgos, de todo orden, incluido el legal.

Esa fué la razón por la que escogí situar la acción en un imaginario país anglosajón -más habituales en las historias de la serie negra- y traté de jugar con la ironía, en una traducción "spaghetti" de los nombres reales de los protagonistas.